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WAC y el Mercado Israelí de Trabajo
Conferencia a cargo de Roni Ben Efrat Jornadas organizadas en Barcelona por la Fundación Paz y Solidaridad, bajo el nombre de “La cooperacion Sindical desde la cooperación catalana al desarrollo: las visions de los protagonistas. Reflexión conjunta sobre el pasado y presentación de las perspectativas futures”, 30.11.2007 WAC es un sindicato en formación, establecido a mitad de los 90s con el objetivo de responder a la crisis desatada por el veloz cambio de una economía protegida (basada en los principios del Estado de Bienestar) a una versión extremadamente neoliberal. Este cambio coincidió con el debilitamiento del sindicato oficial israelí – la Histadrut. Simultaneamente se firman los Acuerdos de Paz de Oslo, los cuales tuvieron una influencia negativa en el mercado de trabajo israelí. Se conjugaron, en este escenario, dos convulsiones profundas que produjeron una transformación política y económica en el carácter del Estado Sionista. Dónde y cómo WAC encaja en esta compleja situación? El primer proceso tuvo lugar en el plano económico. El Plan de Estabilización de 1985 Hasta 1985 los gobiernos israelíes mantuvieron un alto nivel de paridad en los ingresos, acompañado por un sistema de acuerdos colectivos, que garantizaban los derechos de los trabajadores. Israel adhería a a las reglas del sistema de Bienestar Social. A modo de ejemplo, en la década del ‘50, los dos décimos de la población con más altos ingresos (el 20% más alto) ganaban solo 3.3 veces más que los dos décimos más bajos. Pero en 1985 las reglas del juego cambiaron. Israel pasaba por una crisis estructural, con costos militares excesivos (luego de la Guerra del Líbano en 1982), el sector público extendido y un fuerte nivel de control del trabajo. Cuando la tasa de inflación alcanzó 400% y las reservas en divisas comenzaron a escasear, la cúpula política dirigida por los dos principales partidos políticos (Laborista y Likud) acordó entrar en un plan de estabilización bajo la tutela del gobierno de los EEUU. (Este proceso fue conocido en América Latina como adhesión al “Consenso de Washington”, pero en el caso de Israel ni siquiera fue necesaria la supervisión del Fondo Monetario Internacional). En dos décadas, Israel se transformó en el Estado más desigual de Occidente: el 20% de la población con ingresos más altos gana hoy 21.3 veces más que el 20% con ingresos más bajos. Los EEUU se encuentran en el segundo lugar, con un multiplicador de 10.6.[1] Las tarifas protectoras de la industria local fueron reducidas. Los impuestos a la importación, que promediaban el 13% en 1970, cayeron al 1% en los ‘90s. La mayoría de las industrias tradicionales israelíes se vieron seriamente dañadas. Esto fue muy notorio en la industria textil. Se estima que 25,000 trabajadores de la industria textil (de un total de 50,000) fueron dadas de baja a principio de los ‘90s. Se estima que la mitad de quienes perdieron sus puestos de trabajo eran mujeres palestinas de Israel y los Territorios Ocupados. La mayor parte de la economía israelí fue privatizada y vendida a capitales locales y extranjeros. Los trabajadores se vieron despedidos o trabajando en el mismo lugar pero sin el respaldo de ningún sindicato o acuerdos colectivos. Las ETT brotaron en este terreno fértil, alcanzando a cubrir el 10% del mercadol laboral. La fusión con el mercado global trajo consigo reducciones en el presupuesto del sector público debido a las reducciones de impuestos a las compañías y los empleadores. Su contribución al presupuesto se redujo de una forma drástica: en promedio los impuestos corporativos pasaron de 61% en 1986 a 36% en el año 2000 (Shafir y Peled, págs. 341-56). El plan de Estabilización de 1985 inauguró el camino del desarrollo del mercado financiero israelí. La bolsa de comercio de Tel Aviv se expandió. Compañías israelíes comenzaron a cotizar en Wall Street donde sus acciones aumentaban sin cesar. A fines de los 90s el Estado logró cierto nivel de paz social otorgando asignaciones sociales a una población que se había empobrecido en este proceso. Sin embargo, luego de la recesión del 2000 causado por la Intifada y el colapso de la industria Hi-Tec, Netaniahu, entonces Ministro de Finanzas (2002-2003), inicia una profunda reforma reduciendo dichas asignaciones al mínimo. El golpe más duro fue al mercado de trabajo. El debilitamiento del trabajo sindicalizado fue uno de los objetivos principales de las reformas neoliberales. En una entrevista con U. Yogev, director del Departamento de Presupuesto del Ministerio de Finanzas al mando de Netaniahu, describió uno de sus más destacados logros: “Hemos logrado aprovechar este período de recesión cambiando las reglas del juego y adelantándonos a la revolución más dramática de todas: la derrota del trabajo organizado en Israel”. La fusión económica con el mercado global se complementaba con la necesidad de Israel de alcanzar un acuerdo político con los palestinos y el mundo árabe. La guerra y la ocupación no consituyen un buen clima para los negocios, que requieren estabilidad y previsibilidad. Pero en el plano político las cosas empeoraban. Israel no apuntaba realmente a una paz y las concesiones que esto implica, sino que buscaba cooptar al liderazgo palestino sin considerar la independencia y prosperidad de la población. La fuerza de trabajo palestina fue aislada de los puestos de trabajo de los que había dependido hasta 1993, y dejada sin ningún mercado alternativo de trabajo al interior de los territorios palestinos. Simultáneamente, para compensar su déficit de mano de obra, Israel comenzó a importar trabajadores extranjeros para los trabajos menos calificados. Esta situación tuvo muy malas consecuencias para los palestinos pero también para los trabajadores árabes de Israel. Como resultado de la baja participación en el mercado laboral los niveles de pobreza aumentaron. Entre los ciudadanos árabes en edad de trabajar, solo el 39% participa en el mercado laboral [2], mientras que el 57% de la población general lo hace. En el caso de las mujeres, solo el 17.1% de las mujeres trabajan, mientras que entre las muejeres judías lo hace el 53.8%. [3] Mientras la pobreza se extendía, Israel se transformaba en un socio global de la economía mundial. Las multinacionales descubrieron al mercado israelí en la era post-Oslo y comenzaron, uno a uno, a abrir sucursales y crear sociedades. Entre ellos estaban Kimberly Clark, Nestlé, Unilever, Procter & Gamble, McDonald's, Burger King, British Gas, Volkswagen y Generali. Los bancas internacionales también abrieron sus puertas en Israel, incluyendo el Citigroup, Lehman Brothers, Chase Manhattan y otros. Por qué estas compañías eligieron invertir en Israel? Una de las razones era que la “generosa” privatización les ofrecía transacciones novedosas a precios de oferta. El optimismo que el potencial israelí despertaba puede ser comparado con el apetito que se exhibía hacia los mercados del Este de Europa luego del colapso del régimen soviético. La Histadrut La gran pregunta es qué ocurrió en estas dos décadas con la Histadrut. Por qué pasó de ser un imperio que sindicalizaba al 80% de los trabajadores, a una organización débil que representa solo al 30%? Extensos artículos fueron escritos sobre esta transformación. Intentaremos esclarecer algunos de los puntos principales. La Histadrut fue establecida a principios de la década del ’20 como parte de las instituciones sionistas. Esta no fue construída desde abajo, como un sindicato que defiende los derechos de los trabajadores. Por el contrario, fue construída como una institución colonial con el objetivo de “conquistar” el trabajo de los árabes nativos y crear cooperativas y proyectos económicos nacionales (solo 10 años luego de la creación del Estado se les permitió a los trabajadores árabes afiliarse a la Histadrut). La Histadrut era un imperio construído a la sombra del Estado.Cuando el Estado decidió restringir su rol, la Histadrut no supo y probablemente no pudo luchar por su lugar. Por ejemplo, la afiliación a la Histadrut nunca constituyó una afiliación voluntaria del trabajador: era deducida por el empleador (quien tenía un acuerdo con la Histadrut) o bien era obligatoria para quien quería beneficiarse de los servicios de salud. Cuando comienza el proceso de privatización de la industria, incluídas la de grandes empresas administradas por la misma Histadrut, su protagonismo se ve seriamente afectado. Contribuye a este proceso la decisión del Estado en 1994 de nacionalizar los servicios de salud, alejándolos de la influencia de la Histadrut. Como resultado, la afiliación pasa de ser 1.5 millón a 500,000 miembros. Cuando el Estado dió los pasos cruciales hacia el debilitamiento de la Histadrut, ella misma estuvo ausente: privatización, relocalización de la industria liviana, importación masiva de mano de obra barata para sustituir a los trabajadores locales y palestinos, el surgimiento de las ETT (también en oficinas gubernamentales). El Centro de Asesoramiento del Trabajador (WAC – Ma’an) En medio de este vacío sindical y caos en el mercado laboral, un grupo de activistas de izquierda judíos y árabes establecieron WAC. Luego de haber trabajado durante muchos años en el seno de la comunidad árabe y del movimiento pacifista israelí, fuimos confrontados con un pronunciado empeoramiento de la condiciones económicas de la población árabe. Sin otros sindicatos en la escena y con la evidente negligencia de la Histadrut, alguien tenía que poner manos a la obra. El principal problema con el que nos confrontamos fue la falta crónica de puestos de trabajo lo que se traduce en extrema pobreza. Hoy en día, un ciudadano árabe de cada dos se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Las mujeres se vieron privadas de sus trabajos en la industria textil y los hombres fueron reemplazados por mano de obra barata extranjera. Comenzamos con grandes campañas para recuperar los puestos de trabajo, ofreciendo a su vez asesoramiento legal a trabajadores y desempleados. De a poco fuimos percibiendo que las nociones sindicales principales estaban ausentes en nuestra sociedad, tanto en las poblaciones judía como árabe. El entendimiento de la sociedad a través de la diferencia de clases o la solidaridad entre trabajadores eran conceptos desconocidos. Nos dimos a conocer frente a la opinión pública con nuestra campaña llamada “Un trabajo que ganar”. Luchábamos contra las compañías y el gobierno reafirmando la necesidad de reinsertar a los trabajadores de la construcción en sus puestos de trabajo, y oponiéndonos a la importación de mano de obra barata “explotable”. Seguidamente incursionamos en la sindicalización de mujeres en agricultura. Este trabajo fue hecho junto con programas de entrenamiento y educativos, haciendo hincapié en la fuerza que tienen los trabajadores cuando permanecen unidos. Hoy, tomamos responsabilidades propias de un sindicato. Por ejemplo, hemos firmado un acuerdo de pensión para nuestros trabajadores y negociamos con los empleadores los salarios. Sin embargo, no tenemos el derecho a declarar en una disputa laboral o a firmar acuerdos colectivos. A diferencia de la Histadrut, sentimos una profunda solidaridad con los palestinos de los Territorios Ocupados y con el movimiento internacional de trabajo. Buscamos crear lazos y obtener apoyo. En Abril último organizamos una delegación internacional para estudiar las condiciones laborales en la agricultura. Cecilia Sanz, secretaria general de la Federación Agroalimentaria, fue una de las participantes de la delegación. No pretendemos reemplazar a la Histadrut en el contexto israelí, pero creemos firmemente que hay espacio para otro tipo de sindicatos: abierto a todos los trabajadores, con una perspectiva organizativa "desde abajo" y con una cosmovisión socialista. |
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